Mié. Jul 24th, 2024

Tlahuelilpan con aroma a conspiración.

**en la imagen Andrés Manuel López Obrador, presidente de México.

Colaboración de Isidro Galicia/ÁGORA

       Morelia, Mich. 21 Enero 2019.- Hasta el pasado viernes 18 de enero el combate radical al robo de combustibles en México era un tema suscrito a la corrupción e impunidad. La tragedia en Tlahuelilpan dimensionó el nivel de amenaza a la seguridad nacional y a la propia vida del presidente.
Una estrategia con profundos estigmas para derrumbar al viejo régimen e incorporar a la vida pública, nuevos lineamientos morales y políticos de los funcionarios del gobierno de Andrés Manuel López Obrador.
Una guerra de baja intensidad del Estado mexicano en contra de células criminales, coludidas en un amplia red de complicidades con altos funcionarios de la para estatal y grupos de poder político.
Lo dantesco de la explosión del ducto de Pemex, las cifras de pérdidas humanas y la catastrófica narrativa de las historias en el lugar de los hechos , colocaron a López Obrador en una peligrosa disyuntiva de rectificar las medidas para terminar con el “huachicol” o ir a fondo aún bajo el riesgo de más decesos de civiles.
El drama registrado en el estado de Hidalgo mostró el auténtico rostro de los poderes de facto, que operan en sigilo y encubiertos en las sombras de la impunidad. Mostraron su fuerza y entereza para resistir los embates del gobierno mexicano. Las muertes son bajas indispensables para crear escenarios de inestabilidad social que deslegitimen la causa del presidente.
Ahora, tras el drama y lo funesto del suceso, lo que se vive es el momento más álgido de la confrontación del Estado mexicano contra el llamado “huachicoleo”. Evidentemente, López Obrador se encuentra en una condición de riesgo. El destronar ínsulas de poder, enriquecidas indebidamente y protegidas por los gobiernos pasados, concitará el reforzamiento de los protocolos de seguridad en el entorno al presidente.
Aunque públicamente aceptó tener miedo pero no ser un cobarde, el presidente de México deberá tomar decisiones que aceleren el fin de la confrontación con un enemigo que ya mostró su rostro violento. La tragedia en Hidalgo será el punto de inflexión que extreme las consecuencias y los daños colaterales, o, se accionen expedientes judiciales en contra de los probables implicados.
Desde el pasado viernes 18 de enero el drama impuso nuevas condiciones y decisiones. López Obrador se encuentra en el territorio enemigo y donde la conspiración asecha la vida del presidente.

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